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9月11日 Mis GrabacionesGracias por visitar mi espacio.
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Rafael Escalona Tróchez - 12 - Octubre - 2006
9月7日 El número 33Quiero compartir con Uds. un fenómeno que se me ha presentado desde hace unos años. Empecé a darme cuenta de esto, cuando en las madrugadas despertaba con una fuerte necesidad de voltear mi cabeza hacia el reloj para ver la hora. Al sentirme un poco confundido por esto, lo quise contar a mi familia, y desde el día en que lo comenté, las apariciones crecieron en gran magnitud. Aquí enlisto algunas apariciones sobresalientes: Lo que me confirma que esto no puede ser solamente una casualidad es que cuando siento la necesidad de voltear la vista y me encuentro con un número de varios dígitos (ej. 887133), todos los dígitos o letras de aquel código o número exceptuando el 33 son tapados de mi vista por algún objeto que se atraviesa en ese preciso momento, dejándome ver solo el 33. A veces los otros dígitos o letras al lado del 33 están tachados, manchados, o despintados. Preguntando a algunos amigos por esto que me ocurría tuve algunos comentarios de ellos: Pensé que al cumplir 33 años de edad el número iba a dejar de aparecer en mi vida, pero no fue así. Después pensé que al dejar de tener 33 años de edad iba a dejar de aparecer, pero tampoco fue así. Rafael Escalona Tróchez. – 07 - Sept - 2006
Una persona que radica en USA se percató de las apariciones del número 33 en su vida y subió una página en internet para saber si alguien más estaba viviendo la misma experiencia. 8月30日 Un Verdadero MilagroMe da mucho gusto poder compartir con ustedes el más grande evento que he presenciado en mi vida. El siguiente relato que a continuación presento, narra una experiencia milagrosa que ocurrió en mi familia en el mes de Abril del 2005 y testifica que Jesucristo resucitó y que en este tiempo que ahora vivimos Él vive y sigue manifestándose a todas las naciones, tal como lo indica el libro de Mormón en sus primeras páginas. Mi hermana menor al haberse graduado en la carrera de medicina, realizaba su servicio social en un pequeño hospital de la zona. Desafortunadamente, ella fue infectada con un virus que le provocó una enfermedad grave, un tipo de artritis que dañó sus articulaciones, especialmente a las rodillas. Al transcurrir del tiempo, la enfermedad avanzó hasta llegar a un punto en que ella ya no podía caminar y los dolores que sentía eran muy agudos e intensos, pues el dolor en los huesos es el más fuerte que puede experimentar el ser humano. Fue tratada por varios médicos pero ninguno pudo determinar y mucho menos curar su padecimiento. Lo único que se podía hacer era mantenerla sedada para que no sufriera tanto. Entre su esposo y yo la cargábamos para moverla a cualquier sitio y mi mamá y mi otra hermana iban diario a su casa para atenderla y cuidarla por las noches, ya que su esposo siendo médico también, debía de hacer guardias en otro hospital de la ciudad. Pasaron así 6 meses, en los que ella permanecía en cama todo el tiempo, pero su salud fue empeorando más aun y le pedía a su esposo que le aumentara la dosis del calmante porque no soportaba los dolores, pero el ya no quería hacerlo porque ya era demasiada la dosis que se le estaba suministrando. Estábamos desesperados, especialmente mi mamá y no sabíamos que hacer. Según me decía mi otra hermana cuando pasaba la noche con ella, nuestra hermana menor no dormía por los dolores tan fuertes que tenía. Así pasó varios días, sin dormir un solo instante. Entonces, el día domingo de esa semana tan crítica recibimos una llamada telefónica. Era nuestra hermana menor que estaba llorando y le dijo a mi otra hermana que fuéramos a su casa a visitarla. Nosotros pensamos lo peor, ya que siempre nos hablaba para darnos malas noticias respecto a su estado de salud. Rápidamente nos dirigimos a su casa y cuando llegamos para nuestra sorpresa la encontramos de pie, totalmente sana y sin ningún dolor que la afligiera. Con lágrimas de felicidad en su rostro nos contó como se había sanado de su enfermedad. Nos dijo que en ese domingo, a la una de la tarde finalmente cayó dormida. Entonces ella vio como su espíritu salía de su cuerpo y se elevaba. Vio desde arriba su cuerpo y el de su marido que estaban en la cama dormidos y su espíritu continuó elevándose y entró por un remolino donde todo giraba rápidamente, dice que vio los mares desde las alturas, que podía distinguir a los delfines y a las ballenas y siguió elevándose hasta llegar a un lugar que estaba lleno de gente. Y había mucha gente que ella nunca había conocido, pero ella sabía que eran familiares nuestros, y vio a nuestros abuelitos que ya habían fallecido hace tiempo. Y toda esa gente la veía con mucha ternura. Y entre toda esa gente, ella vio a nuestro señor Jesucristo, con una luz muy brillante y lleno de gloria, y nos dijo que no podía describir toda la gloria que Él tenía en su rostro. Con lágrimas en su rostro pero sonriendo de felicidad nos seguía relatando. Dijo que nuestro señor Jesucristo le pidió que se acercara a Él, y ella fue y entonces Él le puso sus manos sobre sus rodillas y su cabeza y le dijo que ya estaba sana. Entonces mi hermana entró nuevamente por aquel remolino y descendió de nuevo a su habitación y su espíritu entró en su cuerpo nuevamente. Ella despertó y lo primero que hizo fue tocarse las rodillas y verdaderamente ya no tenía dolor, y se paró de la cama por sí misma y despertó a su esposo y le contó todo tal y como había sucedido. Ella estaba feliz, ya podía bajar las escaleras de la casa y brincar, cosa que no había hecho en mucho tiempo. Y este fue el testimonio más grande que pude haber obtenido y la causa de mi conversión inmediata después de 13 años de haber cerrado mi corazón a la verdad. El 24 de Agosto de este año 2006 cumplí un año de haberme bautizado en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y sé con toda certeza que Jesucristo dirige y cuida de esta su iglesia. Deseo que mis palabras sirvan a todos ustedes para que se fortalezcan en los momentos de tribulación y para que guarden los mandamientos día con día. Agradezco a nuestro Padre Celestial por que Él siempre escucha nuestras oraciones. Lo comparto en el nombre de nuestro señor Jesucristo, Amén. Rafael Escalona Tróchez
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