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日志


8月30日

Un Verdadero Milagro

Me da mucho gusto poder compartir con ustedes el más grande evento que he presenciado en mi vida.

 El siguiente relato que a continuación presento, narra una experiencia milagrosa que ocurrió en mi familia en el mes de Abril del 2005 y testifica que Jesucristo resucitó y que en este tiempo que ahora vivimos Él vive y sigue manifestándose a todas las naciones, tal como lo indica el libro de Mormón en sus primeras páginas.

 Mi hermana menor al haberse graduado en la carrera de medicina, realizaba su servicio social en un pequeño hospital de la zona. Desafortunadamente, ella fue infectada con un virus que le provocó una enfermedad grave, un tipo de artritis que dañó sus articulaciones, especialmente a las rodillas. Al transcurrir del tiempo, la enfermedad avanzó hasta llegar a un punto en que ella ya no podía caminar y los dolores que sentía eran muy agudos e intensos, pues el dolor en los huesos es el más fuerte que puede experimentar el ser humano.

Fue tratada por varios médicos pero ninguno pudo determinar y mucho menos curar su padecimiento. Lo único que se podía hacer era mantenerla sedada para que no sufriera tanto.

Entre su esposo y yo la cargábamos para moverla a cualquier sitio y mi mamá y mi otra hermana iban diario a su casa para atenderla y cuidarla por las noches, ya que su esposo siendo médico también, debía de hacer guardias en otro hospital de la ciudad.

Pasaron así 6 meses, en los que ella permanecía en cama todo el tiempo, pero su salud fue empeorando más aun y le pedía a su esposo que le aumentara la dosis del calmante porque no soportaba los dolores, pero el ya no quería hacerlo porque ya era demasiada la dosis que se le estaba suministrando. Estábamos desesperados, especialmente mi mamá y no sabíamos que hacer.

Según me decía mi otra hermana cuando pasaba la noche con ella, nuestra hermana menor no dormía por los dolores tan fuertes que tenía. Así pasó varios días, sin dormir un solo instante.

Entonces, el día domingo de esa semana tan crítica recibimos una llamada telefónica. Era nuestra hermana menor que estaba llorando y le dijo a mi otra hermana que fuéramos a su casa a visitarla. Nosotros pensamos lo peor, ya que siempre nos hablaba para darnos malas noticias respecto a su estado de salud. Rápidamente nos dirigimos a su casa y cuando llegamos para nuestra sorpresa la encontramos de pie, totalmente sana y sin ningún dolor que la afligiera.

Con lágrimas de felicidad en su rostro nos contó como se había sanado de su enfermedad.

Nos dijo que en ese domingo, a la una de la tarde finalmente cayó dormida. Entonces ella vio como su espíritu salía de su cuerpo y se elevaba. Vio desde arriba su cuerpo y el de su marido que estaban en la cama dormidos y su espíritu continuó elevándose y entró por un remolino donde todo giraba rápidamente, dice que vio los mares desde las alturas, que podía distinguir a los delfines y a las ballenas y siguió elevándose hasta llegar a un lugar que estaba lleno de gente. Y había mucha gente que ella nunca había conocido, pero ella sabía que eran familiares nuestros, y vio a nuestros abuelitos que ya habían fallecido hace tiempo. Y toda esa gente la veía con mucha ternura.

Y entre toda esa gente, ella vio a nuestro señor Jesucristo, con una luz muy brillante y lleno de gloria, y nos dijo que no podía describir toda la gloria que Él tenía en su rostro.

Con lágrimas en su rostro pero sonriendo de felicidad nos seguía relatando. Dijo que nuestro señor Jesucristo le pidió que se acercara a Él, y ella fue y entonces Él le puso sus manos sobre sus rodillas y su cabeza y le dijo que ya estaba sana. Entonces mi hermana entró nuevamente por aquel remolino y descendió de nuevo a su habitación y su espíritu entró en su cuerpo nuevamente.

Ella despertó y lo primero que hizo fue tocarse las rodillas y verdaderamente ya no tenía dolor, y se paró de la cama por sí misma y despertó a su esposo y le contó todo tal y como había sucedido. Ella estaba feliz,  ya podía bajar las escaleras de la casa y brincar, cosa que no había hecho en mucho tiempo.

 Y este fue el testimonio más grande que pude haber obtenido y la causa de mi conversión inmediata después de 13 años de haber cerrado mi corazón a la verdad. El 24 de Agosto de este año 2006 cumplí un año de haberme bautizado en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y sé con toda certeza que Jesucristo dirige y cuida de esta su iglesia. Deseo que mis palabras sirvan a todos ustedes para que se fortalezcan en los momentos de tribulación y para que guarden los mandamientos día con día. Agradezco a nuestro Padre Celestial por que Él siempre escucha nuestras oraciones. Lo comparto en el nombre de nuestro señor Jesucristo, Amén.

 Rafael Escalona Tróchez

 

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